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La ansiedad es una emoción en la que la persona experimenta nerviosismo, preocupación, o miedo ante escenarios futuros e hipotéticos percibidos como amenazantes. A pesar de ser una emoción común en todo el mundo, en los últimos años ha obtenido una mayor presencia en nuestro vocabulario, llegando a identificarse como una de las principales causas de sufrimiento de las personas.
Síntomas de la ansiedad
La ansiedad puede manifestarse de forma física, mental y emocional, y la intensidad, frecuencia, y duración de dichos síntomas dependen de la historia de vida de la persona, de las estrategias para afrontar y gestionar dicha emoción, y de las circunstancias y contextos que rodean al individuo. Esto quiere decir que, una persona con una historia de vida traumática, donde no ha podido o no se le ha permitido gestionar la ansiedad de forma adecuada, y dónde el entorno se percibe como amenazante, la ansiedad será mayor y causará más sufrimiento.
Entre los principales síntomas encontramos los siguientes:
- Síntomas físicos: palpitaciones, sudoración, temblores, tensión muscular, problemas intestinales, problemas para respirar o mantener el equilibrio, sensación de pesadez, mareos, dificultad para tragar, etc.
- Síntomas mentales y emocionales: preocupación constante, pensamientos intrusivos, rumia, dificultad para concentrarse, hipersensibilidad, dificultades para gestionar situaciones y tomar decisiones, sensación de peligro inminente, etc.
Estos son sobre todo los síntomas que se sienten a corto plazo, sin embargo, el experimentar constantemente la ansiedad, hace que, a largo plazo, la persona entre en una fuerte espiral de sufrimiento y desesperación, donde por miedo a sentirla, uno acaba alejándose de aspectos vitales significativos, pudiendo incluso desembocar en un trastorno depresivo.
Causas de la ansiedad
La ansiedad es una emoción adaptativa para la supervivencia. Sin embargo, esta pasa a ser desadaptativa cuando se siente de forma constante, exagerada e incluso condiciona la vida del individuo, y esta situación puede ocurrir debido a múltiples causas que se pueden dar de forma simultánea e interactuar entre sí:
- Factores genéticos: la predisposición genética puede influir a la forma en la que las personas toleran la frustración, gestionan sus emociones e integran la ansiedad en su vida como una emoción más.
- Experiencias traumáticas: experimentar traumas desde temprana edad o de forma reciente, puede hacer que las personas convivan peor con la ansiedad. Esto se debe a que, en dichas situaciones se experimentó la ansiedad de una forma muy intensa e inevitable, haciendo que la persona quiera evitar volver a sentir ese dolor. Es entonces cuando, sentir mínimamente la ansiedad, hace que uno conecte con ese trauma, y por tanto, lo evite sistemáticamente, condicionando así mi vida.
- Heridas emocionales: la ansiedad puede manifestarse como un mecanismo de defensa para evitar que contactemos con nuestras heridas emocionales más profundas.
Contextos aversivos: disponer de un entorno laboral exigente, una familia desestructurada, un grupo de amigos en el que no pongo límites o no me siento apoyada, son ejemplos de contextos que me van a generar ansiedad de forma frecuente.
Tratamiento de la ansiedad
En el momento en el que una persona se ve sobrepasada por esta emoción, siempre se llega a la pregunta de “¿cómo controlo la ansiedad?”. Existen diferentes formas para orientar el tratamiento de un trastorno de ansiedad, entre las que destacamos:
Valida tu ansiedad, escúchala y dale un sentido
La ansiedad, aunque muchas veces creamos que es la causa de los problemas, no es así, sino que es la consecuencia de estos. Esta puede verse como una especie de “alarma de ambulancia”, que se manifiesta a través de diferentes síntomas físicos y emocionales, pero que no deja de ser una forma que tiene el cuerpo y la mente de avisarte de que algo no está bien y que necesitas implementar un cambio en tu vida. Escuchar a tu ansiedad, permitiéndole un espacio para entrar, puede ayudarte a darle un sentido a la misma, lo cual te proporcionará una guía para saber abordarla de forma sana.
Identifica tus focos de ansiedad
Una vez comprendido lo explicado anteriormente, es necesario identificar cuales son tus principales focos de ansiedad, ya que por mucho que intervengas sobre ella, no se reducirá si estos focos no se modifican o desaparecen de tu vida. En este sentido, es recomendable fijarse en aspectos o valores personales (familia, amigos, trabajo, pareja, etc.) y ver en qué posición te encuentras en cada uno de ellos, para ver qué podrías cambiar de estos para sentirte mejor, y así vincularte a una vida llena de significado personal para ti.
Afronta tus heridas emocionales transitando por ellas
Conectando con lo anterior, es necesario identificar traumas y heridas emocionales que puedan ser focos de ansiedad, puesto que eso sería ir a la verdadera “raíz””. El problema de las heridas emocionales es que, al ser nuestra fuente de dolor más grande, desarrollamos estrategias para evitarlas (como manifestar ansiedad), y por tanto, es realmente difícil llegar a conocerlas, y sobre todo, transitar de forma adecuadas sobre ellas, permitiéndome a mí mismo sentir el dolor al que están vinculadas, y así sanarlo. Es por ello que se recomienda acudir a ayuda psicológica profesional, con un terapeuta que te permita avanzar por este sendero de una forma segura y adaptada a tus circunstancias.
Rodéate de un entorno seguro para ti
Llevar a cabo los pasos anteriores te movilizará al cambio, y dicho cambio pasa por construir entornos seguros. Es necesario conocer aquellos contextos que no son seguros para ti, ya que, de ellos, probablemente, no vaya a obtener esa seguridad. Por ejemplo, si tengo una familia que invalida mis emociones, no puedo esperar que vayan a hacerlo hoy, sobre todo porque esa búsqueda incansable no me llevará a ningún resultado, y me hará sufrir más. Es por ello por lo que se recomienda buscar a personas en las que sí pueda obtener esa acogida emocional, así como crear relaciones en las que me permita a mí mismo poner límites, pues esto hará que me sienta seguro en dichos vínculos.
No evites sistemáticamente la ansiedad, intégrala como una experiencia más
La ansiedad gana más presencia y poder en tu vida cuanto más intentas controlarla y evitarla. Esto se debe sobre todo a que, cuanto más la evito, menor es mi tolerancia a ella, y, por tanto, me vuelvo hipersensible a dicha emoción, y cuando ya es inevitable sentirla, me incapacita mucho más. Es por ello por lo que se recomienda no evitar contextos o situaciones que me vayan a generar malestar, sobre todo si evitarlos me aleja de personas y contextos significativos para mí. No es sufrir por sufrir, es entender que la ansiedad no puede decidir por ti.




