Tabla de contenidos
En ocasiones, reaccionamos de una forma desproporcionada a situaciones que no son extremas. Como si perdiéramos el control de nosotros mismos y actuásemos de una forma que luego, en calma, nos arrepentimos. La ira es una emoción que conviene aprender a gestionar y darle el valor adecuado, que es protegernos y poner límites en lugar de atacar, para regularla y expresarla cuando sea necesario. Si quieres aprender a manejar tu ira y expresarla de forma sana, este artículo es para ti.
Causas de la ira
La ira en sí misma no es una emoción negativa, sino que es un sentimiento con una gran carga enérgica que mueve a la persona al cambio, a luchar por lo que se merece y plantarse firmemente en el mundo poniendo límites seguros. Este tipo de ira es más un enfado protector activo en lugar de una ira reactiva y desmedida.
El problema con la ira descontrolada es que normalmente esconde otros sentimientos o un dolor debajo de la misma. Por ejemplo, cuando algo me da miedo o un comentario me hace sentir pequeño o invalidado, sale de mí una ira muy grande. Por lo que conviene ir a la raíz del problema, ver dónde está el dolor y cómo se ha originado para hacer algo con ello. En lugar de tacharla de una emoción peligrosa, hay que educar y regular esa ira para poder utilizarla en nuestro favor.
Las tres principales causas de la ira son:
- Miedo extremo y sensación de desprotección ante una persona o situación.
- Sentimiento de inferioridad y vergüenza de no sentirse suficiente.
- Sensación de abandono o pérdida de alguien importante.
Cómo reducir la ira
Existen varias maneras de reducir la ira, aunque no buscamos que desaparezca porque es una emoción básica y fundamental para la supervivencia y una vida plena con límites sanos y protectores.
Conectar con el dolor que hay debajo de la ira. Reflexionar sobre cómo y quién me ha hecho daño antes, para ver si guardo ciertas heridas del pasado que no he revisitado. La idea es poder mirar ese dolor y permitirnos expresar la vulnerabilidad que sentimos y guardamos tras esa ira descontrolada.
Hablar en primera persona, desde ese dolor en lugar de actuar el enfado. Por ejemplo: “yo siento enfado cada vez que me hablas de esta manera” o “yo siento rabia cada vez que veo algo injusto hacia mí o los demás”. Actuar una emoción de forma inconsciente a veces puede ser una forma de desconectarse o no tomar responsabilidad de esta emoción. En cambio, si explícitamente la expresamos, podemos tomar conciencia de nuestra experiencia, enfocar esa acción hacia lo que necesitamos y hacernos dueños de nuestras emociones y sus consecuencias.
Buscar conductas alternativas a posteriori, sin invalidar nuestro enfado más primario. Por ejemplo, preguntándote de forma honesta “¿Qué podría haber hecho diferente sin dejar de expresar mi molestia?”. Es importante que lo que se nos ocurra encaje con nuestra forma de ser y nuestro estilo de comunicar lo que nos sucede internamente. No suprimas tu enfado, intenta transformarlo en algo entendible y asumible para la otra persona.
El aprendizaje más valioso es observar y distinguir qué límites sí necesito poner y son fundamentales para mí, y qué reacciones han sido rabietas o han tocado algo interno mío que conviene atender y que no está relacionado con poner límites o no. Esto será muy importante para aprender a manejar la ira de forma satisfactoria.
En conclusión, es posible que necesites externalizar algo que hay debajo de esa ira y a lo que te cuesta llegar. Quizá es recomendable que pidas ayuda de profesionales para indagar y gestionar mejor esto. Desde Estar Contigo Terapia, con psicólogos online o presencialmente con nuestros psicólogos en Granada, nos especializamos en trabajar con tus emociones para que puedas entenderte mejor y sanar aquello que te duele por dentro. Aprende a reducir tu ira con nosotros para tener unos vínculos más plenos y estar más contento contigo.




