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Detrás de la procrastinación puede haber muchos procesos. La baja tolerancia a la frustración, el alto perfeccionismo o la apatía, pueden estar detrás de ese contínuo posponer y aplazar tareas. Esto nos puede ir dejando con una sensación de no ser agentes de nuestra propia vida o incluso no ser suficientemente válidos.
Por qué procrastinamos
Como reflexionaba al inicio, una persona puede llegar a procrastinar por muchos motivos. Una clave que muchas veces está detrás de esto es la motivación y el compromiso real de la persona con las metas que se propone. Es decir, muchas veces nos proponemos objetivos y tareas sin habernos parado a reflexionar si realmente queremos o nos interesa cumplir con eso. Por el contrario, a veces sentimos que la vida pasa frente a nosotros, como si fuera una película y nunca nos paramos a preguntarnos de qué manera queremos vivir nuestra vida o qué es importante para nosotros.
En línea con lo anterior, está claro que hay muchas tareas que a pocos nos gusta hacer (arreglar el coche, una cita médica, etc.) porque no son gratificantes en sí mismas pero será mucho más probable que cumpla con esas tareas si estoy realmente comprometida con mi vida y conectada con la importancia que tienen para mi esas tareas (por ejemplo, el coche me da independencia y eso es importante para mí, quiero ir al médico para sentirme mejor físicamente, etc.).
También ocurre que el autoestima suele tener una función importante en esto. Si mi autoestima está construida bajo la creencia nuclear de que “no soy capaz” o “soy insuficiente y débil”, me será difícil asumir tareas y responsabilidades en muchos momentos. La tendencia a confirmar esa creencia nuclear fracasando en la ejecución de mis tareas será fuerte. Es decir, será más probable que procrastine y mi autoestima se vea doblemente herida, como una autoprofecía autocumplida en la que mis actos y mi autoestima se retroalimentan en un bucle de malestar e incapacidad. En línea con esto, a veces podemos generar un comportamiento de sobrecompensación del autoestima siendo especialmente perfeccionistas o evitando el error a toda costa. Cuando nos volvemos muy perfeccionistas, el grado de detalle y de tiempo que invertimos en algunas tareas puede ser enorme y esto nos lleva a contemplar la tarea como algo muy grande y muy dificil de hacer. Por ello será más fácil que procrastine y abandone la tarea, moviéndome en una polaridad de TODO o NADA (o hago la tarea perfecta o no la hago).
Cómo combatir la procrastinación
Como siempre, lo primero y más importante será ir a la raíz del problema. Reflexiona y analiza por qué puede estar ocurriéndote esto. Estas preguntas pueden ayudarte: ¿cuándo empezó a pasarte esto y a qué lo asocias?, ¿qué consecuencias tiene para ti la procrastinación?, ¿crees que procrastinar cumple alguna función en tu caso?.
Matizando esa última pregunta que te planteo creo que es importante entender que muchas veces lo que nos ocurre trata de cumplir una función. Por ejemplo, a veces procrastinar puede ayudarnos a no enfrentar situaciones que nos dan miedo o situaciones en las que potencialmente podríamos errar. Conocer la funcionalidad de lo que te pasa puede darte muchas claves de otros procesos internos y miedos.
Además, hablando en general la procrastinación nos elude de lo que llamamos responsabilidades por lo que te invito a hacerte también preguntas respecto a ese concepto: ¿qué papel ha jugado en tu vida la responsabilidad?, ¿fuiste un niño con exceso de responsabilidad? o quizás por el contrario, ¿siempre has odiado ser responsable?, ¿cómo te sientes cuando llevas el “timón” de tu vida o de la de otros?.
Quizás no te sea fácil responder a muchas de estas preguntas pero creo que merece la pena para desde ahí empezar a hacer cambios duraderos. Además, te invito a que pruebes a exponerte y tratar de romper en cierta medida ese modo de funcionar que identifiques. Por ejemplo, si identificas que tienes miedo a errar, te invito a equivocarte a propósito. Cuantas más veces mejor, y quizás en cosas pequeñas. De esta forma tu cerebro puede ir entendiendo que equivocarse no es algo tan horrible y dejara de temerlo tanto. Además cada vez te será más fácil no machacarte después de haberte equivocado y empezar a contemplar la vida como un océano de aprendizajes y errores inevitables que van construyéndonos como personas.




