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Contar con una autoestima sana resulta de vital importancia ya que se relaciona directamente con la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y la manera en que enfrentamos nuestras dificultades. Una mejor autoestima nos permite llevar a cabo nuestro día a día con más salud mental, y por ende mayor calidad de vida.
¿Según la Terapia Focalizada en la Emoción (TFE), cuál es el origen de la autoestima?
Es un proceso que comienza en la infancia cuando sentimos que nuestros sentimientos sí importan y son escuchados. Para esto nos valemos de nuestras figuras de apego, nuestros cuidadores, que con su comportamiento se muestran empáticos, aceptan y validan nuestras emociones. Según cómo estos reciben nuestras emociones aprendemos a valorarlas nosotros, y desarrollamos una base de confianza emocional en nosotros mismos y la sensación de valía personal.
¿Y qué pasa con las «imperfecciones»?
Si tenemos una autoestima baja probablemente hayamos experimentado reacciones de juicio o rechazo de parte de nuestras figuras de apego, con las que en algún momento sentimos que no éramos dignos de amor simplemente por ser nosotros mismos.
La actitud de aceptación y el respeto por uno mismo incluye nuestras «imperfecciones» y errores. Tenemos permiso a equivocarnos, a no ser perfectos y a querernos por quienes somos realmente y no forzarnos a encajar en un ideal impuesto. Esto nos lleva a ser más auténticos y a enfrentar con fortaleza las adversidades. Sentir que puedo expresar quién soy de verdad y qué necesito realmente me permite sentir que soy importante y digna de amor.
¿Cómo se trabaja desde la TFE?
Si no nos sentimos suficientes y merecedores de amor y respeto tendremos una percepción de nosotros mismos distorsionada, influida por patrones negativos, como la vergüenza, la culpa o el miedo. No nacemos con baja autoestima, sino que es una respuesta a situaciones dolorosas que ha moldeado la visión que tenemos de nosotros mismos. La TFE aborda estos patrones emocionales negativos para transformarlos en una autoestima sana, saludable y realista. Estas emociones que nos resultan difíciles de habitar en realidad son los mejores indicadores de nuestras necesidades reales y el camino para resolverlas.
Cuando identificamos, exploramos y validamos las emociones dolorosas que pueden estar vinculadas con la baja autoestima nos sentimos comprendidos y aceptados y comenzamos a aliviar nuestra autocrítica negativa. Comenzamos a ser más amables y comprensivos con nosotros mismos en lugar de críticos y severos, y experimentamos mayor confianza en nuestros propios recursos emocionales para sostenernos en cualquier momento de la vida.




