El papel de la psicología en el manejo del estrés laboral y el burnout

Autoría y revisión clínica

Escrito por el Equipo de Estar Contigo Terapia.
Revisado y aprobado por Buenaventura del Charco Olea.
Director Clínico · Colegiado Nº AO-10681

El síndrome del trabajador quemado, comúnmente conocido como burnout, es la  consecuencia de una situación estresante llevada al límite en el ámbito del trabajo, en donde  la gestión tanto laboral como personal no se desarrolla de una manera óptima y la persona  que lo sufre comienza a tener síntomas físicos (como dolores en diferentes partes del cuerpo),  psicológicos (cambios en el estado de ánimo, profundo cansancio, de ánimo) y relacionales (problemas en casa, con la familia), entre otros. Se trata de una situación de desgaste llevada  a un límite en el que la persona afectada no solo rebaja el rendimiento laboral, sino que se  pueden ver afectadas prácticamente todas las áreas de su vida. 

¿Cuáles son los factores de riesgo? 

Uno de los principales factores de riesgo es la sobrecarga laboral, es decir, hacer más de lo  que la persona puede gestionar en términos normales. Por parte de la empresa, donde la  carga de trabajo es superior a lo que debería, donde no se tiene en cuenta al trabajador y se  le da más trabajo y responsabilidades, donde no se le ofrece una autonomía o no hay una  claridad en cuanto a sus funciones y dificultad hacia la conciliación familiar. Por parte del  propio trabajador, por una alta autoexigencia o inseguridad que deriva en hacer más de lo  que puede abarcar, muchas veces procedente de la necesidad de ser visto, de un miedo a  perder el trabajo o del posible juicio hacia uno mismo. 

A nivel personal, toda esta autoexigencia, inseguridad y cansancio puede dar pie a cambios  en el estado de ánimo, lo que nos puede volver más irascibles y menos pacientes. Trabajar  bajo estas condiciones desarrollará una desconfianza hacia nosotros mismos y nuestras aptitudes a la hora de trabajar ya que, si siento que no soy bueno en mi trabajo, y fallo (debido  a mi situación), aparecerá la “profecía autocumplida” que me indicará que, efectivamente, no  soy válido para mi puesto. 

Paralelamente, todos estos factores pueden incidir en la relación con los compañeros,  generando conflictos y competitividad malsana, acrecentando la mala gestión y relación  laboral, y pudiendo llegar a darnos la sensación de que se nos ve como inferiores,  desarrollando interpretaciones de los demás hacia nosotros y haciendo que entremos en un  juego en el que quizá solo estemos jugando (y, por ende, sufriendo) solo nosotros. 

Y yo, ¿sufro de burnout? 

El primer punto pasa por darnos cuenta de que, efectivamente, nos encontramos ante una  situación de desgaste laboral. Es importante no identificar este hecho como una debilidad de  cara a “no he sido lo suficientemente fuerte/apto para este trabajo”. Somos personas y, como  tal, podemos vernos desbordados en diferentes momentos de la vida. Lo verdaderamente  valiente es poder verlo y actuar ante ello.  

Trata de identificar factores en los que sientes que el trabajo está ganando la pelea. Ayúdate  de preguntas como:  

– ¿Me gusta mi trabajo? ¿En algún momento me he sentido cómodo en él? – ¿Qué me cuesta tanto de mi trabajo? ¿Tengo opciones para hacerlo de una forma  diferente que me genere menos sufrimiento? 

– ¿Qué sentido tiene para mí lo que hago? ¿Me siento útil o reconocido por el trabajo  que realizo? 

– ¿Es toda mi vida el trabajo? ¿Siento que puedo desconectar cuando no estoy en  horario laboral? 

– ¿Quién soy yo cuando no estoy trabajando? ¿Qué valor tengo como persona si  elimino el factor de mi profesión? 

– ¿Se ve afectada mi vida personal debido al trabajo? ¿Cómo ha cambiado esta área  desde que me siento así? 

Intenta responder a estas preguntas en un momento de calma, lejos del trabajo, en un espacio  cómodo en el que poder explorar qué te dice tu cuerpo cuando te expones a ellas. Se honesto  y trata de observar verdaderamente qué te hacen sentir cada una de las preguntas junto con  las respuestas.

Otro ejercicio que puede ayudarte pasa por localizar situaciones en las que puedes intentar  “rebajar” en el trabajo, como responsabilidades, exigencias o incluso trabajo que no te  pertenece o trabajar fuera de tu horario laboral.  

Cierto es que, dependiendo del trabajo que se trate, hay puntos que no se pueden llevar a  cabo, dadas las condiciones laborales o personales, y esto también repercute negativamente  en todo este proceso. Como en el caso de un negocio personal, en donde yo soy mi propio  jefe, aquí puedes plantearte preguntas como: ¿mi negocio necesita realmente que le dedique  tantas horas? Si no es así y te sientes quemado, ¿por qué continúas? Tomar conciencia de  ello y decidir qué quiero hacer con esto también forma parte del proceso de darme cuenta de  mi situación actual. 

¿Qué puedo hacer para que esto no se dé? 

Lo primero de todo es empezar a darnos cuenta de cómo me siento en mi trabajo, qué me  aporta Vs qué me genera malestar. Como todo, el trabajo va a darte ambas partes, así que: 

– Haz una balanza de lo bueno y lo malo y pregúntate: ¿me compensa? 

– Pon límites. Aprender a decir que no, ya sea porque no te corresponde o por simple amor  propio. 

– Habla con otras personas de confianza que puedan darte una mirada externa, otra visión,  que quizá pueda orientarte en algún otro sentido. 

– Asegúrate de tener una rutina saludable en la que separes el trabajo de la vida personal y  en donde, en la medida de lo posible, no te lleves el trabajo a casa. Genera espacios para ti mismo, cultiva hobbies y relaciones sociales, y sigue avanzando a nivel personal sin que el  trabajo repercuta en ello. 

– Si aún con esto, sientes que te encuentras al límite: ¡pide ayuda! a tu entorno, a tus  compañeros de trabajo o a tu jefe. Pedir ayuda suele ir asociado al miedo al juicio, al qué  dirán si me ven flaquear pero, lejos de que pueda ser un acto de debilidad, el precio de no  decir nada es más alto. 

Carl Rogers, dijo en su libro “El proceso de convertirse en persona”: “La curiosa paradoja es  que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar”, y es que el cambio real nace  de la aceptación de uno mismo, tal y como somos, y como tal merecemos permitirnos ser  fuertes y vulnerables, cansados y con ganas de comernos el mundo, con un objetivo claro o con la sensación de estar perdidos sin rumbo. La verdadera fortaleza reside en el acto de  mirar hacia dentro, ser congruentes con nosotros y pedir lo que realmente necesitamos. Es una realidad que, para la mayoría, el trabajo es una obligación más que una elección, y  también es una realidad que hay personas que no llegan a encontrar su vocación, lo que  dificulta aún más poder llegar a sentirse cómodos en el entorno laboral. Del mismo modo,  cada persona tiene su propia realidad basada en sus necesidades, situación personal,  problemas económicos, por lo que a veces no podemos permitirnos rebajar la carga de trabajo si así lo deseamos. Sin embargo, está bien querer esforzarnos por mejorar, ponernos metas  y objetivos para demostrarnos que avanzamos, pero el trabajo no puede ser el  centro de nuestra vida a largo plazo: Toma consciencia de que estás quemado y actúa en  consecuencia. “Trabaja para vivir y no vivas para trabajar” es una frase llena de realidad que  a veces queda en la teoría, haz de esta frase una práctica.

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