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Sabemos que el estrés es una respuesta adaptativa del cuerpo que se desencadena ante lo que consideramos una amenaza. Durante esta respuesta nuestro cuerpo libera hormonas y neurotransmisores que afectan e interfieren sobre el sistema inmune. Veamos qué implicaciones puede tener esto cuando nuestro estrés se vuelve crónico.
Efectos del estrés en el cuerpo
Para entender cómo el estrés afecta a la salud física primero tenemos que distinguir dos tipos de estrés. El estrés agudo, se da en momentos puntuales y nos ayuda a reaccionar con mayor intensidad y menor tiempo de reacción a situaciones potencialmente peligrosas. Esta es una respuesta adaptativa de supervivencia que todos poseemos. Por otra parte, el estrés crónico implica un estrés mantenido en el tiempo. Es este último tipo de estrés el que usualmente está mediado por procesos psicológicos que tienen que ver con la persona que lo sufre. Por ejemplo, en las personas que tienen ansiedad social la respuesta de estrés se va a desencadenar en todas esas situaciones que impliquen el contacto social o estar expuesto al posible juicio de otros como puede ser hablar en público o comer en público. Es además este estrés crónico el que nos va a poder traer problemas a nivel físico.
Como decíamos al inicio del artículo, cuando tenemos estrés en nuestro cuerpo tienen lugar una serie de reacciones químicas y se liberan distintas hormonas y neurotransmisores, entre otras. Dos hormonas muy importantes que en ese momento se liberan son la adrenalina y el cortisol. Se sabe que una alta producción de estas sustancias mantenidas en el tiempo dificultan el adecuado funcionamiento del sistema inmunitario. Es como si de alguna forma el estar estresados durante mucho tiempo nos dejara exhaustos haciendo que empeore el rendimiento de nuestro sistema defensor, el sistema inmune. Esto nos deja expuestos a una mayor probabilidad de contraer infecciones y enfermedades crónicas así como a desarrollar cáncer, problemas cardiovasculares e incluso asma y diabetes en el largo plazo.
Conexión mente-cuerpo
Cada vez son más los estudios que verifican la continua comunicación y conexión que existe entre nuestro cerebro y nuestro cuerpo. El simple hecho de llorar ya es una manifestación de esto, aunque parezca muy simple. Nuestro cuerpo responde y reacciona ante lo que nuestro mundo psíquico genera. Las emociones se manifiestan a través del cuerpo, ya sea llorando si estamos tristes, poniéndonos rojos si sentimos vergüenza o vomitando si una situación nos produce mucho asco o angustia. La mayoría hemos vivido también cómo nuestro estómago reacciona al estrés a veces de forma hiper automática, tratando de liberarnos de nuestros desechos para que estemos más despejados por si hay que salir corriendo de una situación, o las típicas “mariposas en el estómago” al pensar en la persona que nos gusta.
Además, esa comunicación mente-cuerpo también se da en el sentido inverso. Es decir, nuestra mente recibe las señales que el cuerpo le manda viéndose alterado. Por ejemplo, un experimento curioso se hizo en 1998, a manos de Fritz Strack y sus colaboradores en el cual se demostró que el hecho de forzar una sonrisa con la boca provocaba unas puntuaciones más altas en un test de felicidad en oposición a las personas que no mostraban esa sonrisa. Resultados similares se han obtenido al fruncir el ceño o mostrar un gesto de ira provocando que esta emoción se amplifique.
Cómo reducir el estrés
La mayoría de nosotros nos hemos hecho esta pregunta en algún momento de nuestra vida y es que, vivir en constante estrés nos hace sentir mal. Más allá de los estragos físicos que el estrés genera, también es mentalmente agotador y si se mantiene durante mucho tiempo puede llevarnos a un estado de apatía y desmotivación potente.
Existen algunas pautas que seguramente conozcas y que suelen contribuir a que el estrés se reduzca (el deporte, los ejercicios de relajación, la meditación, etc.) y, si bien para algunas personas esto es especialmente útil y suficiente, este tipo de técnicas a menudo no tienen una efectividad en el largo plazo sino que nos sirve a modo de “ansiolítico” puntual para rebajar nuestra ansiedad. Y es que cuando sufrimos estrés crónico suele haber una serie de motivos detrás (mi historia de apego y de traumas, tener la autoestima dañada, dificultad para gestionar emociones, creencias y sesgos irracionales en mi modo de interpretar a los otros y al mundo, etc.) y hasta que no identifiquemos lo que está ocurriendo no podremos sanarlo de raíz y que ese estrés crónico disminuya de una forma eficaz en el largo plazo. Por eso muchas veces, necesitamos hacer una exploración más profunda de nosotros mismos, a través de una terapia con psicólogos online o prencialmente o de pararnos a observar y a conocernos para poder realizar cambios reales.




